miércoles, 25 de junio de 2014

La combustión espontanea en un coche

Esta es la historia de un hombre que se compró un BMW y de pronto, un mal día, el coche ardió. Esta es la historia de un hombre cualquiera que tenía un sueño y cuyo sueño fue pasto de las llamas. El protagonista de esta famosa aventura, supongamos que era banquero y que nació aproximadamente hace cincuenta años en el malagueño barrio de El Perchel. Juanillo -por decir un nombre- era como lo conocían en su calle. Juanillo era un niño pobre, hijo de hombres pobres, que siempre fueron pobres. Pero Juanillo no quería heredar la pobreza. Juanillo tenía sueños, adoraba las cosas grandes, los coches bonitos, el mundo del motor... Poco a poco Juanillo se abrió paso por el mundo.

Comenzó por estudiar. Trabajaba y estudiaba al mismo tiempo. Estudiando, estudiando, consiguió tener su título y entonces abrió un banco con un amigo. El banco funcionó bien y Juanillo logró captar muchos clientes y que todos depositaran su confianza en él. Juanillo, un buen día, decidió volar por su cuenta y abrió al fin su propio banco. Y se hizo capitán de su vida. Siempre había soñado con conducir un BMW, con acariciar la carrocería vibrante, agitada por el poderoso motor de los alemanes.

Y un día su sueño se hizo realidad. Lo que nunca imaginó es que una tarde, por la autovía, su BMW, sin previo aviso, comenzaría a arder. Y gracias a Dios que pudo salvar la vida, porque a causa del incendio, se bloquearon las cerraduras con Juanillo dentro, y menos mal que tenía a mano el móvil y el número de su amigo Antonio de los cerrajeros 24 horas Zaragoza, quien enseguida apareció y pudo liberar a Juanillo de su prisión teutona de llamas.

De no ser por él, hoy Juanillo no viviría para contarlo. Los de la BMW dijeron que no había ninguna razón técnica para que el coche ardiera y que no se le explicaban. Le ofrecieron un coche nuevo y de más altas prestaciones, pero el pobre Juanillo no quiso ni oír hablar de ello. Jamás en su vida volvería a tener un vehículo de esa marca. Él, que era supersticioso como el que más. Por nada del mundo. Luego se pasó a la marca Audi.

Y dicen que hasta el día de hoy, este automóvil no le ha dado problemas. Pero Juanillo, cada mañana, antes de salir, pone un extintor en el asiento del copiloto, reza tres padrenuestros, y pide a San Audi que “me quede como estoy”. De momento el Santo se ha comportado. Y vosotros, tened cuidado con vuestros sueños: a veces pueden acabar en llamas.

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